Nada duele más que quedarse donde ya no evoluciona tu espíritu. Y nada sana tanto como el acto honesto de levantarte de la mesa donde ya no se sirve el alimento que necesitas.
Soltar no siempre es traicionar. A veces es honrar la versión de ti que estás llamado a defender. Irte de un lugar o una persona no solo es un acto de auto preservación, sino de amor propio.