Estas redes sociales funcionan con un modelo de negocio que consiste en ganar dinero a paladas a base de jugar con la salud mental de millones de personas y la calidad de la democracia de cientos de países. Jaime García Cantero y Nuño Domínguez analizan el anuncio de Pedro Sánchez sobre la prohibición de las redes sociales a menores y reprochan al gobierno que siga anunciando todo en esas mismas redes sociales. Que dejen de regarlas con dinero público contratando grandes campañas de publicidad institucional tal vez sea más eficaz que abandonarse a la tentación de responder a los oligarcas con frases ingeniosas en esas mismas redes que quieres cerrar a menores. Además del mal ejemplo que se da así a los chavales. Se hacen anuncios solemnes, pero también se trivializan las redes. Que no son "la calle" ni "una plaza pública": son un centro comercial privado. Sería importante, como está intentando hacer Francia con X, entrar en el algoritmo y modificarlo para que no sea tan dañino y tan adictivo. Porque el problema no tiene por qué ser la existencia de redes sociales en general, sino el funcionamiento de estas redes (que pertenecen a estos señores) en particular. Dato interesante: solo han clamado contra la medida X y Telegram, que no hacen dinero. Las que sí hacen dinero (META, Google), han recibido el anuncio de Sánchez con un clamoroso silencio.
Además hablamos del retraso de la misión a la luna, de la fusión de Space X y X AI, de los nuevos despidos en el Washington Post, que deja ese estandarte de la información en la miseria, y de los avances contra el Párkinson.