Esta pregunta, que hicieron a Jesús los discípulos del Bautista, nos interpela a cada instante de nuestra vida. ¿Qué, o a quién, espero? Ojalá contestemos que en todos los momentos de nuestra vida ya no necesitamos esperar nada, porque tenemos a Jesús. No como el que ha dejado unas palabras y se ha ido, sino la persona con la que comparto mi existencia.